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Las Naciones Negras

Ellos, triste carga mercante, tienen el mérito de haber creado la primera república latinoamericana.
Modelo de vehemencia para los pueblos de hoy
que ambicionen metas semejantes.




Cuando soplaba el viento norte la ciudad entera oía los lamentos de los hombres negros que habían sido depositados con otras mercancías en las barrancas del retiro. Gemían porque sus duelos eran absolutos. Sin embargo el esclavo no se agotó en el llanto ni en el efecto narcotizante del “stramonium” que fumaba.

Lo mantuvo atentos la esperanza de recuperar su dignidad.

Los negros haitianos con sangre e ideas de la Revolución Francesa, fraguaron la primera república de nuestro continente. Otros compañeros de infortunio organizaron en el noreste brasileño el Estado de Palmares, que sostuvieron durante más de cien años resistiendo heroicamente a paulistas y holandeses; fue la rebelión de esclavos de mayor duración que conoció la historia. El cine se encargó de difundir las actitudes de los habitantes de Numancia y Massada frente a los romanos, pero los americanos ignoramos que los esclavos cubanos burlaban a sus amos suicidándose en masa.

En el Río de la Plata la resistencia no fue cruenta, se asociaron manteniendo las tradiciones africanas tanto como les fue posible… hasta que las ideas y venidas del ritmo negro – por esas extrañas bromas de la vida- parió al tango blanco.



Oleo: Pedro Fígari


Se calcula que alrededor de 2.400.000 esclavos ingresaron en la América española. Para Brasil se comprueban unos 4.000.000. ¿Por qué si en los primeros momentos de la colonización la Corona española prohibió la entrada a todo aquel que no fuera de viejo linaje cristiano, fomentó luego este tráfico? Las causas estructurales e ideológicas, sumadas, se resumen así: comprendió que se necesitaba mucha más mano de obra para las tareas de la nueva economía que la que los indios podían brindar.


Para mejor sustento de esta determinación, a las demandas de cabildos y personajes, se sumaron las apreciaciones de los religiosos jerónimos y de Fray Bartolomé de las Casas, que apoyaron la aberración de la esclavitud negra con el fin de defender la situación del indígena.


A este último sacerdote, según sus declaraciones, no le alcanzaría la vida para arrepentirse.


La Corona firmó para Buenos Aires dos “asientos” (contratos); uno, en 1708, con la Compañía Francesa de Guinea, que tuvo sus barracas en el Parque Lezama; y el otro, en 1713, con la Compañía Inglesa del Mar del Sud, cuyas barracas estaban en Retiro.


Es estos depósitos, obviamente, los hombres negros, se acumulaban junto a las demás mercancías.


En cada región de América el esclavo tuvo un desempeño y consideración diferentes. En el Río de la Plata, se lo destinó a las tareas rurales, oficios, artesanías, tareas domésticas y, el trato en general fue bueno.


Cuando la severidad del amo sobrepasaba los límites, el esclavo pedía podía pedir carta de venta y cambiaba de dueño, así como compraba su libertad. En Buenos Aires el hombre negro gozó del ocio; gracias a sus ocupaciones podía realizar trabajos particulares, entregando al amo sus ganancias, y en cuotas, conseguir su emancipación.


Pero ellos no solo fueron escoberos, panaderos, hormigueros, amas de leche y lavanderas; también desde las primeras luchas de la independencia, estuvieron en el frente. Cuando el general San Martín, preparaba su ejército, pocos eran los porteños que se enrolaban, de modo que se dispuso que cada propietario debía vender uno de cada tres esclavos para las milicias. Así, regaron con su sangre esclavizada las tierras de sus amos, luchando por la libertad ajena. Y lo hicieron con valentía… Cuatrocientos de ellos cayeron, tan solo, en Chacabuco.


De la desaparición del hombre negro en Buenos Aires es fácil percatarse. La anterior fue una de las causas. Los cuadros demográficos muestran mermas sugestivas.



Padrón de 1836 – Población negra 24%
Padrón de 1858 – Población negra 20%
Padrón de 1868 – Población negra 9%
Padrón de 1887 – Población negra 1,8%



Otras causas:
a) La actividad ganadera, donde pocos hombres se hacen cargo de cientos de animales, hizo innecesario continuar la importación.


b) Con el enrolamiento de los hombres negros se produjo un desequilibrio entre los sexos que condujo al mestizaje y posterior blanqueamiento.

c) Las epidemias de viruela y de fiebre amarilla, hicieron estragos entre ellos.



Su grito de libertad en estas tierras fue el sostenimiento de los patrones culturales africanos. Lo conseguían a través de las asociaciones mutualistas, en las que se agrupaban de acuerdo a su región de origen. Calcados de las sociedades secretas del África Occidental, los primeros grupos se constituyeron de hecho; rápidamente cobraron una estructuración compleja con estatutos, libros de contabilidad y un orden jerárquico. La finalidad primordial era la de recaudar fondos para comprar la libertad de sus hermanos de raza, asistir enfermos, comprar terrenos para edificar las sedes. Estos predios estuvieron ubicados en el barrio de Monserrat, de la Avenida Bernardo de Irigoyen al Oeste.

Oleo: Pedro Fígari



Al lugar se lo conocía como el Barrio del tambor, dado que era el instrumento preferido para sus bailes, o también Barrio del Mondongo. Respecto de esta última denominación, existe una controversia de si deriva del alimento homónimo que los negros consumían a causa de su pobreza, e iban a buscar a los cercanos mataderos; o si el apelativo “mondongo”, se formó a partir de una región congolesa “Dongo” , sumado al prefijo santú “mu” , de lo que resulta “mudongo”.


Estas asociaciones eran conocidas como “naciones” o “candombes”, entre los más conocidos estaba el de “Grigera”, que funcionó en México 1265 entre 1823 y 1901. La nación “Cabunda”, en la calle Chile entre Santiago del Estero y Salta, fundada en 1823, subsistió hasta bien entrado el siglo XX. La “Benguela”, funcionó en México 1272. La nación “Congo Augunga” estuvo en la calle Santiago del Estero, casi San Juan.


Estas asociaciones desaparecieron por efecto de la transculturación, las generaciones jóvenes, ya no deseaban conservar las tradiciones, sino sumarse a los patrones culturales occidentales que gozaban de prestigio “civilizado”.


Murió la tradición africana y murió el hombre negro entre nosotros, a punto tal que los diarios de 1880 en adelante, hacen noticia de esos seres que desapareciendo se convertían en personajes: Cayetano Pelliza, Matías Rosas, Mariana Artigas, Benedicto… ébanos de dolor en papel prensa.


© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo publicado en septiembre de 1993

Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.

*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

A Boedo le robaron 3 plazas



“En cierto momento Boedo estuvo a punto de recibir
los dones del amor que el Intendente Noel tuvo por su ciudad.
El proyecto de un “Buenos Aires verde”
quedó archivado entre siete planos.


Los que habitamos Boedo sabemos que carecemos de plazas, salvo la que algunos vecinos formaron con tenacidad en Independencia y Muñiz, en el predio que ocupara la vieja escuela F. Ameghino. Excepto ese trocito encajonado entre edificios, cuando queremos pisar césped o que nuestros hijos jueguen, debemos trasladarlos a Parque de los Patricios, Parque Chacabuco o Parque Centenario. Estamos resignados, como si fuera una maldición fundacional que le negó pulmones a este retazo tan sobresaliente de la Capital.

Sin embargo, alguna vez alguien pensó en darnos parques y anchas arterias de paseo, Fue en 1924, durante la intendencia de Carlos Noel, época en que se formó la Comisión de Estética Edilicia, movida por lo que hoy denominaríamos: "una preocupación ecológica".

Este intendente, llamó al país al urbanista y paisajista francés J. C. N. Forestier quien estudió la Ciudad, el clima, plantaciones, zonas libres y costumbres, proyectando reformas para distintos parques de Buenos Aires, como así la creación de nuevas plazas, coincidiendo con las anteriores propuestas de la Comisión de Estética Edilicia.

Una diferencia de criterios consistió en que esta última privilegió la idea de dotar de nuevos espacios verdes a la ciudad por sobre los ya existentes. Ella había respondido al llamado de distintas Asociaciones de Fomento, encontrando justificadas las demandas vecinales para crearlos asegurándole a la ciudad las necesarias condiciones higiénicas y de esparcimiento.

Para cumplimentar el proyecto debían expropiarse en la capital 924 hectáreas: así, de tener un 6% de espacios verdes se hubiese pasado a un 13%, guarismo aceptable al compararlo con los porcentajes de Viena (25%), Londres (20%) y París (12%). El urbanista francés estimaba que había que estirarse como mínimo a un 14%, ya que se calculaba en aquel entonces que a cada habitante le era necesario 7 m2. de espacios libres.

Las consideraciones que al respecto hizo la Comisión, al leerlas en el decurso del tiempo, tienen un velo de "comicidad": Buenos Aires superó cualquier estimación. Se avenían a ese 14% considerándolo más que suficiente ya que:


I- A causa de un proyecto según el cual se establecía la altura y volumen de la edificación así como la proporción de patios interiores, se evitaría en el futuro la densidad excesiva de edificación "que tanto perjudica la salubridad de las grandes urbes modernas, conjurando el peligro de la inevitable congestión". Los funcionarios no pudieron anticipar grandes moles con departamentos de 30 m2., sin patio y con ínfima ventilación.

II- "Entendemos que la condición particular de ser nuestra Capital una ciudad portuaria que goza del inmenso beneficio de la vecindad del Estuario del Río de la Plata, viene a determinar sus ventajas sobre las grandes metrópolis mediterráneas antes citadas". Tampoco previeron que el río dejaría de bañar gran parte de la ciudad de Buenos Aires.

IlI- "Buenos Aires en su zona de extensión no tiene la densidad de población que acusan aquellas mismas capitales europeas"... "Nunca podrá llegar a una congestión que exija aquella proporción de espacios libres". Hoy es la quinta ciudad del mundo.

IV- Se recomendaba la adquisición de la mayor cantidad de "Reservas de terreno", para asegurar el futuro desenvolvimiento de la Capital.


Consideraban que la tierra iría valorizándose, imposibilitando así su compra futura. Tomaban como ejemplo la zona del bañado de Flores en el que se haría un parque-bosque de 660 hectáreas, de las que debían comprarse 330, las cuales en ese momento se conseguían a precio ínfimo ya que en su mayor parte eran inundables. Pero que en pocos años las obras de del Riachuelo harían desaparecer las inundaciones. esas tierras que serían Ocupadas por fábricas nuevas o desalojadas de las zonas centrales adquirirían gran valor. En aquél momento se privilegió la compra de terrenos para oxigenar la ciudad con muchos "pulmones", y no para edificar.

Pero la cuestión no terminaba en las plazas y jardines. Dado que Buenos Aires había nacido con el molde de las ciudades españolas, tenia como centro la Plaza mayor (Plaza de Mayo), pero a medida que la ciudad se desarrolló los nuevos núcleos urbanos se alejaron y diferenciaron del antiguo centro neurálgico. Por eso se proponía la construcción de grandes arterias diagonales, que abriéndose en forma de abanico hacia la periferia, unieran plazas, edificios públicos, centros comerciales, acelerando la comunicación; pero que principalmente, por su trazado y recorrido irregular, pondrían una nota de pintoresquismo ya que serían avenidas-paseos de mayor anchura, arboladas, con un arreglo particular que las convertiría en verdaderos centros de esparcimiento.




EL PROYECTO EN BOEDO

Ahora bien, en conocimiento de esta propuesta de reforma veamos en el plano, como hubiera quedado modificado nuestro barrio:


1- Un hermoso parque de 4 manzanas entre Humberto Primo, Virrey Liniers, Cochabamba 24 de Noviembre, llenaría nuestra atmósfera de oxígeno.Sabemos que eran tierras a expropiar. Esos terrenos estaban a unos 100 m. de los Talleres Vasena, hoy Plaza Martín Fierro.
2- Una diagonal-jardín, de 500 mts., prolongación de Oruro, nos llevaría desde Carlos Calvo y Rioja hasta Independencia y Boedo, donde hay otra plaza. Observando el pie del plano vemos una avenida arbolada sobre Jujuy que viene de Plaza Once, se dirige por Chiclana hasta Garay y Deán Funes; luego, por la calle Oruro y su prolongación llega hasta Independencia y Boedo, conformando un circuito de avenidas-paseos.

3- Una plaza pequeña queda delimitada por EEUU., Maza, Independencia y Boedo. En honor a la verdad, debemos reconocer que aunque se repite una y otra vez en los planos, no hallamos definida su situación en las nóminas de las obras a realizar.

4- Tan cerca nuestro, que apenas despega del mapa actual de Boedo, otro magnífico parque: Asamblea, Av. La Plata, Tejedor y Doblas (aunque la previsión del proyecto la llevaba hasta Viel, también en terrenos a expropiar). Quedaba enmarcada por 2 bellas diagonales.

5- Una, de Asamblea, Av. La Plata y Directorio. Obsérvese que tenía su origen en Asamblea, lo que tornaba fluída la comunicación entre Caballito y Parque Chacabuco. En su prolongación con la siguiente diagonal establecían una conexión forestada entre Parque Chacabuco y Parque de los Patricios.

6- Otra, que atravesaba el corazón de nuestro barrio, desde San Juan y Av. La Plata hasta Liniers y Caseros, desembocando en el Parque de los Patricios, acortando las distancias entre las zonas SUR-ESTE y NOR-OESTE de la Ciudad. Esta tendría una longitud de 1850 mts.

7- Por último una pequeña diagonal de 150 mts. desde Loria y Brasil a Chiclana y Liniers, que tenía por función unir Chiclana con Brasil

Debe destacarse el valor estratégico de esta pequeña modificación.

Estos proyectos compartidos entre la Comisión de Estética Edilicia y el arquitecto Forestier se basaban esencialmente en el mejoramiento de la habitabilidad de la urbe porteña. Un ejemplo claro de esta intención era que se consideraba necesario una distancia de no más de 250 m. (o sea 5 minutos de caminata de un anciano con niños) entre un jardín de juegos y otro; igualmente una separación no mayor de 500 m. (10 minutos de caminata) entre plazas.

La realidad nos mostró que este proyecto no germinó, y Boedo se quedó solamente con el verde de las copas de los árboles


© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Publicado en septiembre de 1994


Versión pra Internet

* Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.

Cuadreras y Pulperías


Los reseros del sur pintaron de cuadreras Buenos Aires. El barrio de de Boedo, tuvo el más afamado “tiro” por Chiclana, desde Loria a Boedo. Hasta 1920, existió un almacén a cuyos pies se frenaban los galopes.

En el cruce de las Avenidas Chiclana con Boedo, donde el barrio de Boedo, comienza a amalgamarse en lo que fuera el Pago del Riachuelo, justo en el ángulo donde hoy funciona un comercio de zapatería, se alzaba hasta 1920 el almacén de Juan Negro. Allí los jinetes “clavaban” los parejeros que venían galopando sin resuello desde Loria, donde se encontraba la famosa “esquina de los corredores”, que no era otra cosa que una pulpería ubicada en esa calle, entre Chiclana y Rondeau, mirando al este.

Si se corría por Chiclana era por ser esta un zanjón de lecho arenoso que facilitaba el “afirmarse” de los caballos. Para algunos historiadores, esas confrontaciones se desarrollaban desde 1845, lo que nos parece probable, porque se lo denomina “esquina de los corredores”, en el Plano de Sourdeaux, de aproximadamente 1850 y, en un hecho policial de la misma época, que luego narraremos.

Debemos tener en cuenta que la existencia de los Mataderos, primeramente en lo que hoy es Plaza España, y a partir de 1856 en el actual parque de los Patricios, produjo, extramuros de Boedo, un movimiento de gente a caballo proveniente de la campiña, muy diestra en el manejo del cuchillo, que era empleada en estos establecimientos.

Estos “cosacos” nuestros tenían sus domingos de esparcimiento en esa diagonal en la que se jugaba dinero, la virilidad, el triunfo y quizás y la vida.



En esas competencias que se desarrollaron hasta casi finalizar el siglo XIX, se unían, curiosamente, emociones primarias entre varones de distintos estratos sociales, se arrimaban los hábiles reseros de Patricios, los obreros del ladrillo de Boedo y los aristócratas de la ciudad, quienes luego poblarían los hipódromos.

Cuadreras se realizaban en muchos de Buenos Aires. Desde 1820, se registraban en: las Avenida Luis María Campos, del Libertador, Montes de Oca, Eva Perón desde Varela al oeste, y en Coronel Roca. Pero ninguna alcanzó la fama de la que nos estamos ocupando, ya que incluso sus carreras se anunciaban en el diario.

Llanes comenta un artículo del diario “Sud América”, de fines de 1889, en el cual se informa que ha muerto el último parejero criollo, conocido como el Gaitán de Pérez, desaparecido a los 25 años de edad, luego de haber sido uno de aquellos “pingos” de la “esquina de los corredores”.

Quizás haya competido con “el Nene” de Barracas, “el Dorado” de Palermo, “el Toyito” del corralón de Esteban, “el Tostao” de Caballito, verdaderas estrellas que hicieron de ese rincón de Boedo la pista más famosa de la ciudad.

El alguna época la “esquina de los corredores” estaba comprendida en una de las primeras estancias que conocería el “Pago del Riachuelo”; posteriormente, ángulo de la “Chacarita de los Franciscanos”, cuando por allí grandes extensiones de tierra eran de los lima, los Elorriaga, los Pereira, los Lezica y los Gowland. Años más tarde, cuando ya estaban constituidas importante y conocidas quintas en Boedo, como la de Guedes, Pereira, Alais, Casares, a la esquina la circunscribían tierras de Martín Rodríguez, Aldao, Juan Díaz, Josefa Vidal y otros.

Ese sector no careció de figuras reales que dieron origen a personajes de novela. Hablamos del famoso bandido Juan de la Cruz Cuello, que tenía como uno de sus refugios las tierras de la Chacra de San Francisco (posiblemente limitada por Chiclana, Catamarca, Boedo, Pavón) En el amanecer de 1850 se encontraron los secuaces de Cuello con los baqueanos de don isidro Silva, juez de paz de Flores, fue una lucha larga y cruenta. Los bandidos tenían a su favor la espesa arboleda que rodeaba l quinta; el delincuente huyó montado en un tordillo que tiempo atrás había robado a Juan Manuel de Rosas. Isidro Silva tuvo que conformarse con capturar a tres prisioneros y rescatar al famoso “Pico blanco”, parejero del paisano Juan Cremuta.



Ayer, en esa Chiclana arenosa se imponía la habilidad del parejero que su jinete guiaba hacia un meta. Hoy, en el asfalto de Chiclana, apenas el semáforo da vía libre, la “picada” sin destino encuentra su máxima expresión según la cilindrada.






© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

Versión para Internet del artículo publicado en setiembre de 1995

*Este artículo se encuentra protegido por las leyes de derecho de autor, se prohíbe su reproducción total o parcial sin la autorización escrita de sus autores.

*La bibliografía y documentación que lo sustenta, puede solicitarse al correo del blog.




El Teatro en Boedo

En el barrio de Boedo se dio una situación inigualada en lo que respecta a la magnitud de artistas que produjo, a la difusión que gozaron y, al interés que en ella ponían los boedenses. Así ocurrió con las letras, la escultura y especialmente con el teatro.


Fue paradójico que un barrio obrero del confín ofreciese esta situación. Sin embargo en el seno mismo de esta aparente contradicción está la clave.


El teatro, en ese suburbio porteño, fue engranaje fundamental de su dinámica; enclave anarquista por excelencia, luego socialista, contó con una masa proletaria que fiel a su ideario, sostuvo la difusión de la cultura como medio de superación. Fue así un arte de libertarios comprometido con sus propósitos el que inicia la gran bola de nieve, por la cual las salas de ese rincón del sur estuvieron cabeza a cabeza con las que ofrecían representaciones en el centro capitalino: en cuanto a la calidad de los elencos y al número de puestas en escena.

Sabemos que entre 1910 y 1940, Boedo tuvo un momento de esplendor concentrándose la producción en dos autores: José González Castillo y Florencio Sánchez (1), los cuales daban a luz un teatro que hoy llamaríamos testimonial. González Castillo tuvo la primera compañía porteña en cooperativa y su gloria acrecentó tanto la importancia del barrio que en 1921, cuando un incidente fractura la " sociedad de actores ", la compañía que actuaba en el teatro " Opera " pasa al " Teatro Boedo".

Justamente este teatro se conoció como la " catedral del género chico " (2)


Su origen fue muy curioso; un catalán llamado Jaime Cullen, luego de muchos años de trabajo, reunió el dinero suficiente para levantar una casa de rentas. Pero observando que los boedenses carecían de una sala teatral de importancia, en 1905, mientras los vecinos lo tildaban de loco, demolió el edificio para construir lo que luego sería el glorioso Teatro Boedo ( Av. Boedo 949/ 959). Y en ese teatro alejado de la seguridad del centro, se reunirían cada noche, después de las funciones: Alberto Vaccarezza, Carlos M. Pacheco, Eugenio Gerardo López, Pedro E. Pico, Julio Sánchez Gardel, José Antonio Saldías.

El 21 de julio de 1918, la Compañía de Luis Arata – Brieva , estrenó allí " El tío soltero " de R. Hicken. Siendo así el primer elenco orgánico que dio brillo al género chico. Luego se irían dando cita las compañías de Pedro Zanetta con Samuel Sanda, Felipe Panigazzi, Humberto Zuro, Gregorio Cicarelli, Antonio Daglio, Pedro Pompilio. En cuanto a los actores que allí trabajaron, entre otros María Ester Gamas, Marcelo Ruggero, Félix Mutarelli, Malvina Pastorino, Daniel de Alvarado, Anita Lasalle, Mario Danesi, Juan Bono, Pepe Arias, Juan Daglio, Camila Quiroga, Cesar Ratti, Eva Franco, Mario Fortuna, Osvaldo Miranda, Antonio Cunill Cabanilla, Cármen Vallejo, María Luisa Robledo, Roberto Firpo, Pedro Aleandro, Hector Vozzo, Susy Derqui y Leonor Rinaldi , entre otros .

Obviamente éste no fue el primer teatro del barrio. En Av. Boedo entre Estados Unidos y San Ignacio, en 1901, vio la luz una sala de espectáculos que inició sus actividades con el debut de la compañía española de "Garrido".

En el " Teatro América ", sala plana, sin palcos (Avenida Boedo 819), incursionaron grandes compañías nacionales y extranjeras: la española de Zarzuelas de Garrido, la de Cortés, Carlitos Romeu, Las hermanas Falcón, Felipe Panigazzi, Laurita Hernández con Benito Ronco. Contaba Silvestre Otazú, que en ese teatro, estos últimos actores representaron una revista " Lo más serio es reír ", que simbolizaba la disputa entre " Boedo y Florida ". Lo que marca el nivel del público boedense; barrio donde se había hecho carne a nivel popular una disputa de índole filosófica-literaria . En esa puesta en escena, "Boedo" aparecía representado por un malevo que para encender un cigarrillo, torcía un farol de la calle y "Florida" como un muchacho muy atildado. Ambos suspiraban por el amor de la misma milonguita. La obra terminaba con un disloque general, cuando los actores gritaban "inundación", " Inundación ", en referencia a un problema que aquejaba dramáticamente a esas zonas sureñas de Buenos Aires y que Manzi dejara reflejado también, en su tango " Sur ".

En el solar donde hasta mediados de la década de 1990 estuvo el edificio del cine-teatro "Nilo " (Av. Boedo 1062) (3), había un local de verano, en el cual actuaron elencos nacionales, españoles e italianos, conocido como el "Politeama Doria" . Uno podría pensar que ese terreno estaba destinado al espectáculo, ya que con anterioridad había funcionado allí un circo homónimo, donde se efectuaba lucha grecorromana , que estaba muy de moda . Allí actuó el famoso Luis Gualtieri, que fuera campeón argentino y, que viviera en Agrelo y Maza. Alternaban las luchas con las representaciones de la "Compañía de comedias y sainetes Podestá-Scuri-Mariño".

Era época de circos. La gente ansiaba entretenerse, Buenos Aires, se llenaba de pistas de patinaje, de calesitas, de juegos mecánicos, de escenarios en los que hacían piruetas acróbatas, en los que se veía a un oso bailar, o donde hombres corpulentos entraban en combate. En cualquier lugar espacioso se instalaba uno. Estos circos, fueron la puerta por la cual ingresaron a escena, los pioneros que construirían el gran teatro nacional.

Sabemos por la documentación de primera mano que hemos consultado, que en 1886, Américo Durán, consiguió el permiso de la Intendencia para el establecimiento de un circo que ya venía funcionando en " La Rioja 843 "; conocido como "Arenas", donde actuaba una Compañía acrobática y gimnástica.

En Venezuela y Maza existió hasta fines del 1800, un teatrito de títeres, que luego se convirtiera en el "Teatro-circo de Juan Bautista Chiappe" , cuya dirección llevaba Rafael Angel Comunale. Muchas piezas musicales se estrenaron allí entre ellas, la conocida "Loca de amor", que fue en su época, popularísima .

En Boedo entre Independencia y Estados Unidos, supo estar el "Circo Anselmi". En Av. Boedo y Cochabamba el circo de los "Hermanos Gómez ". Y por 1920 El "Circo internacional " en Marmol entre Estados Unidos y Carlos Calvo.

Corría el año 1917, cuando a este barrio lo transitaban una suma de jóvenes con distintas inquietudes, que se reunían en los cafés, verdaderos ateneos, a escuchar a los maestros, a nutrirse de ellos, a exponer inquietudes, a competir por quien había leído más. Los artistas se mezclaban con obreros de avansada; y como decía el dramaturgo "José Scarano," esas discusiones muchas veces continuaban en el "cuadro tercero del Departamento de Policía ". Boedo era un volcán en permanente erupción, que despedía de sus entrañas hombres nuevos: pensadores, artistas, individuos de acción; en calidad y cantidad inusitadas. Era un polo que atraía a multitudes desde distintos puntos de la ciudad; librepensadores, jóvenes que buscaban una verdad, y la encontraban en los cafés que despedían por sus ventanales la claridad de la dialéctica, y la fe en el género humano, sobre las cuadras grises de Boedo. Fue aquella una época irrepetible... Los había músicos, poetas, pintores, escultores y actores. Entre estos últimos se destacaba uno: alto, bien plantado, cuyo rostro transmitía su fuego interior .

Comenzó actuando en ese Politeama Doria, que era un galpón de techo de chapa y pisos de tierra, pero que apuntaba bien alto en la calidad de lo que allí se representaba y que dirigía nada menos que José González Castillo .

"Pedro Zanetta", que así se llamaba ese muchacho, luego de descubrir el teatro ya nunca abandonó ni esa vocación, ni el barrio, ni una especial ética aplicada a la estética del arte en coherencia con sus ideales anarquistas .

Fue el más grande y querido de los actores de Boedo. Sus condiciones artísticas eran tales, que en apenas cinco años llegó a ser cabeza de compañía en el teatro Boedo, junto a Pedro Pompilio, Pepito Petray, Rosario Serrano, Francisco Chiarmello. Durante casi dos décadas fue la estrella que brilló en el escenario del teatro Boedo, quien solo interrumpía sus temporadas durante las fiestas de carnaval, pues en esas jornadas el teatro se dedicaba al concurso de las comparsas. Hasta que un mal día el empresario Jaime Cullen, pretendió imponerle a Zanetta que representara una obra que acababa de escribir : "Viaje de los hombres de la Luna a la Tierra". Don Pedro luego de leerla se negó, Cullen insistió argumentando que al fin y al cabo era el dueño de la sala y, palabra va palabra viene, terminó echando al actor.

Un colega tomó su lugar y puesta la obra en escena, al segundo día hubo que sacarla de cartel; dicen que en Boedo jamás se conoció abucheo semejante.

Los vecinos mientras tanto ya habían formado un comité pro-retorno de Zanetta a esa sala; pero la terquedad del empresario pudo más.

Esto marcó el principio del fin de este ilustre intérprete. Habían sido para él muchas horas trajinando las tablas del "Boedo ", como para que el cambio no produjera heridas en su ánimo.


Pasó al Teatro América, pero el trato usurario de su dueño, hizo que solo durara tres meses allí. Actuó en el "Politeama" y en el " Nacional de Comedias", y fue contratado por "Lumiton" para hacer cine, pero no se adaptó; porque este hombre apuesto, muy envidiado por sus éxitos amorosos, extrañaba su gran amor: el barrio y a él volvió rehusando mejor pasar y fama.

Se dedicó a dirigir un grupo de jóvenes de la "Octava Socialista" y fundaron el "Teatro Experimental Florencio Sánchez " en Sánchez de Loria 1194 . Zanetta seguía inquebrantable en sus convicciones, pero con la salud deteriorada.

Su elección había sido dura. El amor a la barriada le restó el reconocimiento merecido que si lograron aquellos que decidieron alejarse la "patria chica", como las "hermanas Ada y Adelma Falcón" , "Enrique García Satur", "Pedro Tocci", "Francisco Chiarmello", "Laurita Hernández" ; incluso una cupletista que hacia 1920 cantaba en Boedo como "Petit Imperio" y se haría célebre en España como "Imperio Argentina".

Él vivía en la miseria en un altillo de la calle Cochabamba y Sánchez de Loria, casi no comía... Su dignidad lo llevaba a rechazar los consejos de amigos fieles como el actor Pedro Tocci o el Dr. Lauro Tidone, quien recomendaba una larga internación en el Hospital Ramos Mejía. Zanetta no quiso cumplirla, deteriorando más su salud. En 1949 volvió a ser internado y, sintiendo que la vida lo abandonaba le dijo a Tocci que ya que no tenía casa propia para morir, lo condujera a la ciudad de La Plata, para hacerlo en la casa de su hermano. Tocci no dudó en complacer a su amigo; pero necesitaba un vehículo, contrató el auto de una empresa fúnebre, se preocupó en disimularlo de tal manera de no impresionar a Zanetta, quien viajó hasta el destino elegido, convencido de que el chofer era un amigo de Tocci.

Antes de iniciar este viaje, que sería el último, todos los muchachos del "Florencio Sánchez" fueron a despedirlo a la salida del hospital y sería en su teatro donde lo velarían días más tarde, mientras todo el comercio del barrio cerraba sus puertas, en señal de duelo. Su barriada no lo olvidaba, reconociendo que él junto a González Castillo eran los que más habían hecho por el teatro en Boedo. Prueba de ello fue que pocos meses antes de su muerte, en noviembre de 1949, se realizó una función a beneficio en el teatro Boedo, representado " El puñal de los troveros " de Belisario Roldán, donde actuaron Iris Marga y Enrique Muiño.

Finalizada la función, la actriz lo visitó en su humilde pieza.

- La esperaba – dijo Zanetta – Necesitaba ese rayo de luz que Ud. me trae.-

Ya que hablamos de Pedro Tocci, diremos que fue un boedense que ingresó al "Colegio Carlos Pellegrini". Todo anduvo bien hasta que una vez la división fue a ver una obra de uno de los profesores de la escuela; al día siguiente los alumnos homenajearon espontáneamente al autor, Tocci fue el encargado de dirigir la palabra haciendo tal panegírico del arte escénico que su profesor le indicó que dejara el estudio comercial y se dedicara al teatro. Así lo hizo iniciándose con Angelina Pagano, Luis Arata y Blanca Podestá.

Otros actores de relevancia en Boedo fueron Enrique García Satur (4) y Mario Fortuna, Francisco Chiarmello, Hugo Díaz, Guillermo Battaglia.

Desde los orígenes en el teatro de Boedo, se destacó el quehacer independiente, que tuvo como función formar actores capaces de ofrecer al público espectáculos de alta calidad a precios accesibles. A la cabeza de estos pioneros, tenemos a González Castillo.

El teatro independiente tuvo una actitud contestataria y en Boedo brilló el "Florencio Sánchez" . La historia comenzó cuando J. Oriente Cavalieri, en 1940, interesó a un grupo de amigos en conseguir otro local para la sede socialista del barrio; la elección recayó en la legendaria casa de Sánchez de Loria 1194, desde siempre relacionada con los movimientos sindicales, políticos y artísticos. Su sótano había sido alternativamente sede de la Federación Obrera del calzado; de los carpinteros, de los lavadores. Entre 1920 y 1923 sesionó el grupo de anarquistas españoles e italiano "Espartacus" , por allí pasaban los famosos Di Giovanni y Scarfó, que fueran fusilados por el gobierno de Uriburu. Para 1926 se reunían los antorchistas, llamados así por seguir las directivas del periódico "La Antorcha" de Rodolfo González Pacheco. Funcionó el grupo proletario "Arte y natura", cuyo repertorio estaba integrado únicamente por obras de autores anarquistas.

Una vez en Loria, tuvieron lugar para Biblioteca, sala de conferencias y para un teatro que pusieron en marcha: Cavalieri junto a Isaías Borestein ( Boris), Mario Rozas, Amadeo Palermo, Juan Literas, Jorge Vizcaíno, Vicente Rocco, Pascual y Luis di Cesare y obviamente Zanetta.


Recordemos que ese teatro fue cuna entre otros del escenógrafo Saulo Benavente, de los actores Carlos Muñoz y Onofre Lovero. Destacamos que Zanetta, antes de morir donó su biblioteca y toda su ropa escénica a este grupo, todo lo cual se perdió cuando la casa se incendió no hace tantos años. Luego de la dirección de Zanetta, estuvieron al frente : Arturo Frezzia, Pablo Palant, Pedro B. Franco, Onofre Lovero, Rubén Pesce.

Es imposible hablar del Tema del teatro y del alma de ese barrio, sin detenerse debidamente en el dramaturgo José González Castillo, quien fuera el gran luchador por la cultura de ese punto sur de la Capital. Había nacido en la Santa Fe en 1885 y, si bien realizó sus estudios primarios en Boedo; luego, su familia que deseaba convertirlo en sacerdote, lo ingresó en un Seminario de Salta, el que por supuesto abandonó.

Volvió desde allí pidiendo albergue en los establecimientos del camino; reuniendo alguna monedas para sobrevivir, pintando letreros exteriores en los negocios. En Rosario puesto a hacer periodismo, trabó amistad con Florencio Sánchez.

Comenzó a estudiar medicina, pero distintos apremios económicos lo hicieron abandonar esa carrera. La familia de Castillo estaba verdaderamente preocupada por el porvenir de ese hijo, entendían que las letras eran muy bonitas, pero que con ellas no se comía. Así que lo ubicaron a trabajar en "la peluquería del Negro Ricardo" , en Independencia y Boedo. En ese local, al cerrarse las puertas, se reunían los payadores de Boedo: Curlando, Castro y otros, para celebraban sus concursos.

Alberto Cortazzo, periodista y antiguo vecino de Boedo, comentaba que González Castillo llegó a tener una peluquería en sociedad con un salteño en Castro Barros entre México e Independencia, negocio al que habían puesto el nombre de "El Figaro". Mientras su socio atendía la clientela, Castillo aparecía a altas horas de la noche, acompañado de los mendigos que encontraba durmiendo en las calles, para que pernoctaran en alguna de las muchas habitaciones desocupadas que tenía la casa. Había hecho del local un sitio de reunión, congregando a discípulos de las distintas ramas del arte. El salteño, obviamente, se quejó a la familia de Castillo y éste ofendido renunció a la propiedad del negocio.

Desempeñó numerosos oficios, entre ellos el de "Oficial de Justicia". El primer deber en éste trabajo, fue el desalojo de unos inquilinos de un conventillo. Fue a cumplir con su obligación, llevando en el bolsillo los cinco pesos que le habían dado para viáticos. Se encontró con un cuadro pavoroso, una mujer enferma cuyo marido desocupado no estaba en casa. Los vecinos lo miraban con desprecio.

Entonces González Castillo propuso :

- Yo tengo estos cinco pesos, los pongo para hacer una colecta y pagar la deuda que esta mujer tiene.- Se fue y renunció a un trabajo que nada tenía que ver con lo que él era.

Entre 1910 y 1914, por razones políticas tuvo que abandonar nuestro país y vivió en Valparaíso. Trabajó como vendedor de vinos para una firma inglesa y se vio obligado a aprender el inglés, que luego le resultó sumamente útil. Mientras tanto trabajó como periodista de un importante diario de un senador, quien presentó e hizo aprobar varias leyes que fueron concebidas y aconsejadas por nuestro compatriota. Además, en medio de su pobreza, se desempeñó como barman, en las afueras de Santiago, oficio del que sabía absolutamente nada. Hacía las mezclas sin ton si son, pero gustaban y pedían las repitiera, cosa que no podía realizar.

De regreso a Buenos Aires, se instaló en San Juan y Quintino Bocayuva. Trabajando como periodista de "Crítica" y como traductor de películas en la "Casa Max Glucksmann". Para ese entonces ya tenía sus tres hijos: Cátulo, nacido en 1901, Hugo y Gema. Con respecto al mayor, existe una anécdota muy graciosa con respecto al nombre; al nacer, Castillo quiso llamarlo "Descanso dominical", de acuerdo a una ley por sancionarse. A lo cual se opuso terminantemente el empleado de Registro Civil; se armó una gran tremolina y un amigo pacificador, propuso el nombre de Ovidio Catulo ( obsérvese que va sin acento ).

La producción de González Castillo es inmensa. Escribió dramas, tragicomedias, zarzuelas, cuentos para niños, monólogos, traducciones, letras de tango, artículos periodísticos. Firmaba a veces como Martín Gla. Llegó a ser junto a Florencio Sánchez un autor de primer nivel y muy popular. La diferencia entre ambos estriba que en mientras en Sánchez hay una mayor fuerza política y una profunda desesperanza, en Castillo hay más fe en el ser humano y se valoriza el amor como luz en el futuro.

Las obras de este autor fueron de auténtica vanguardia. Tenía un corte realista. Hacía una descripción objetiva de la sociedad y poseía un estilo sencillo, de pinceladas recias, con el que llegaba al alma del pueblo. Durante sus treinta años de intensa labor, renegó del arte por el arte mismo, fue consecuente con su creación y valeroso para defenderla. Citaremos entre ellas:"Los invertidos". Se estrenó en 1914. Por su temática sobre la homosexualidad, llegó a ser prohibida por la Municipalidad para evitar escándalos. Es interesante comentar que en 1926 la repone la Compañía de Enrique Orellano en el "Smart" y en 1956 la Compañía de Homero Cárpena. Fue una y otra vez silenciada, hasta que hace relativamente poco tiempo, se la puso en escena en el Teatro San Martín, donde fue un éxito.

"La mala reputación" . También creó problemas, porque debatía la cuestión del divorcio.

"El pobre hombre". Donde tomó la problemática de las alteraciones psíquicas.

"Los dientes del perro". Donde si bien el tema no es innovador, cuando se iba a representar por primera vez en 1918, Elías Allipi, le sugirió a Castillo que dado que el primer cuadro transcurría en un cabaret, se podría colocar la orquesta en escena y no en el foso, a lo cual el autor accedió.

Habló con Roberto Firpo, y el 18 de marzo al estrenarse la obra en el teatro "Buenos Aires", se cantó por primera vez el tango "Mi noche triste" de Pascual Contursi .

Entre los guiones cinematográficos que escribió, figura en 1908 el de "Juan Moreira", "Nobleza gaucha" y otros.

De las letras de sus tangos baste mencionar "Sobre el pucho", "Grisetta" , "Silvando", "El aguacero", "Organito de la tarde" ( que escribiera junto a su hijo Cátulo ). En cuanto a "Sobre el pucho", vale la pena recordar que en 1922, una fábrica de cigarrillos organiza un concurso de tango. Sebastián Piana, que era un muchachito, escribió una pieza instrumental y se la llevó a Castillo para pedirle su opinión. En ese entonces González Castillo que tenía 37 años y al que llamaban "el abuelo", lo aprueba y sugiere el título, ya que el concurso lo organizaba una fábrica de cigarrillos. Piana ganó el segundo premio, y poco después lo grabaría Carlos Gardel.

Cátulo contaba que su padre tenía aptitudes para todo: dibujo, carpintería, artes gráficas, propaganda. Recordemos que entre sus actividades se cuenta como miembro activo en la fundación de la "Universidad Popular de Boedo"; como así mismo la creación de la "Sociedad de Artistas Plásticos". A propósito de ello comentaba el escultor Vicente Roselli, que los plásticos que querían concretarla, estuvieron 10 años discutiendo como hacerlo. González Castillo en unas horas les hizo los estatutos, dejándola formada. Era un excelente padre que jamás estaba quieto y tenía un carácter alegre. Al morir su esposa se tornó triste. La Avenida Boedo se convirtió en su refugio y no hubo café o bodegón que no conociera su presencia. Pasó sus últimos años entre su casa, los cafés y la Peña Pacha Camac. Murió en su casa en 1937, a los 52 años de edad, mientras tomaba mate.

Cuando se descompuso, se mandó a buscar urgentemente al Dr. Julio Cruciani, que era su amigo, al Hospital Ramos Mejía, donde estaba trabajando. Cruciani salió sin sacarse siquiera el guardapolvo, pero cuando llegó era demasiado tarde. Entre Castillo y Cruciani, había existido una gran amistad. El médico solía ir a buscarlo a su casa de Boedo 1058/60 ( dónde se conserva una placa que identifica el lugar ) y comenzaban a caminar por Boedo hacia el norte. Ambos eran personajes sumamente populares, de modo que a medida que avanzaban se les iba uniendo gente y cuando llegaban a la puerta de la Peña Pacha Camac, formaban una pequeña manifestación.

Con respecto a esta Peña, digamos que se fundó en la terraza del café Biarritz, en 1932. Agrupaba a los artistas del barrio. Su finalidad era difundir las artes. Se levantó con el apoyo económico de vecinos y comerciantes. Allí se hizo teatro, se ofrecieron conciertos, se realizaron exposiciones, todo en forma gratuita.

Funcionó en las terrazas del Biarritz ( Av. Boedo ), hasta que la Municipalidad los conminó a desalojar en 24 horas, para construir el Banco Municipal . Continuó funcionando un tiempo en Carlos Calvo 3621, luego en Loria 1536, que fue su último domicilio, cuando desapareció en 1949.

Fueron conferencistas de la Peña Pacha Camac, entre otros: Roberto Artl, Leónidas Barletta, Roberto Castagnino, Alicia Moreau de Justo, Nicolás Olivari, Alfredo Palacios, José Antonio Saldías, Antonio Sassone, Juan José de Soiza Reilly, Roberto Talice, Alberto Vaccarezza, Iris Marga, Enrique Muiño, Fortunato Lacámera, Domingo Maza, Quinquela Martín, Sepucio Tidone, Miguel Carlos Victorica, Saulo Benavente.

Artl escribió sobre ella, que si a la Peña del Tortoni, iba la burguesía, a la de Boedo, iban los pobres, los inteligentes de ese barrio suburbano. No en vano se vendían más libros allí que en toda la calle Corrientes.

Hoy podemos decir que aunque gran parte de su obra haya pasado de moda, escribió un inmenso capítulo de la historia de la literatura teatral argentina.

En 1933 González Castillo ya se había internado en los problemas de "La ilusión de la realidad", adelantándose a los movimientos de vanguardia que hacia 1950 revolucionarían la escena europea.

El publico boedense había recibido una impronta, que comenzó a diluirse cuando en todo Buenos Aires, la televisión se hizo masiva y cambió las costumbres, produciendo una introversión en las relaciones sociales. Pero si el teatro es dar testimonio, Boedo cumplió la premisa.



NOTAS

(1) Florencio Sánchez no era vecino del barrio de Boedo, pero iba casi todas las tardes, desde la pieza donde vivía en Av.Jujuy al 900, para encontrarse con la que luego sería su esposa: Catalina Raventos de Sánchez. La familia de la muchacha, que se domiciliaba a solo dos cuadras del dramaturgo, se oponía a la relación, por lo cual ella fingía visitar a unas amigas que vivían en México y Yapeyú, lugar de la cita de los enamorados.

(2) Piezas teatrales de no más de una hora de duración, lo que permitía organizar varias funciones, hasta 6 por día. Comprendía el sainete, la revista y el vaudeville.

(3) El Cine- teatro Nilo, fue el más elegante de Boedo . Cuando dejó de desempeñarse como teatro, funcionó allí una sala de baile y el Hogar Croata. Desde 1995, no existe más, se lo convirtió en un supermercado de artículos electrodomésticos. Las leyes tienen así dos deudas con el barrio de Boedo, ya que donde se demuele un teatro, hay que levantar otro. No pasó con El Nilo, ni con el Boedo, que en la actualidad es un garage.

(4) Enrique García Satur, se había criado en un inquilinato de la cortada Guandacol ,( hoy Pedro Bidegaín ), y 33 Orientales. Su verdadero nombre era Saturnino García. Hoy, todavía , amigos de su infancia, sobrevivientes a los cambios que sufriera Boedo, lo recuerdan en su trabajo como cartero, manteniendo a su familia de origen.



© Peña de Historia del Sur. Ana di Cesare, Gerónimo Rombolá, Beatriz Clavenna

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Publicado en Enero de 1995


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